Ya no
La noche inquieta me persigue implacable. Sensaciones, sentimientos y emociones capaces de entumecer mis músculos. Es por la noche cuando la cabeza no deja de dar vueltas a momentos pasados, llenos de caricias, besos e incluso lágrimas. Las pesadillas callan lo que el corazón grita, que las sonrisas se pueden borrar con un solo movimiento de cabeza. Todavía siento el calor de tu cuerpo sobre el mío. Nuestros dedos entrelazados con un suspiro suplicante. Noto la cadena que rodea mi cuello, sujeta por tus dientes. Y tiras. Y arrancas. Y destrozas. Las palabras que no pronunciaste se alzan entre nosotros, formando un muro con el que hablo, deseando que lo derrumbes. Pero no lo haces, y yo me alejo, porque si me quedo me va a doler. Y ya he pasado por eso. Ya vivo en otro espectro, un espectro en el que no me autoinflinjo dolor y que no está encapotado con nubes que no me permiten ver el sol. Un espectro en el que ya no busco tu aprobación ni tus transparentes ojos expectantes. Ya n...