Verano de 2020

6:45 AM 

Querida Sylvia:

Asomada a la ventana contemplo el cielo. Sigue siendo azul. Puede que un poco más claro y con algún nubarrón, pero azul al fin y al cabo. Oigo algún coche que pasa por la carretera yendo a trabajar un día de verano. Es temprano. Demasiado temprano para mí, y sin embargo, aquí estoy, escribiéndote otra carta. Recurro a ti cuando no tengo respuestas, pero también me he quedado sin preguntas. El amor, el desamor...qué curioso, qué fácil es saltar de uno a otro en un abrir y cerrar de ojos. Zigzagueo entre los dos porque no estoy segura de que me quiera. Tengo que protegerme o acabaré sin nada. Como leí una vez, entraré en bancarrota antes de cumplir los treinta, y entonces ya no podré dar más. Mi cuerpo se marchitará y ya nadie se girará a mirarme. Estoy cansada de este juego, Sylvia. No me sé las reglas, y justo cuando parece que empiezo a entenderlas, me las cambian. Me quita la energía y me hace mojar la almohada con mis lágrimas por la noche. Este dolor me está matando. El verano no es una buena época para el amor. Te juro que lo he intentado, pero todos se van en cuanto el termómetro sube. Supongo que es culpa mía, que los quemo.

Echo de menos el frío. Puede que el próximo invierno me vaya de aquí. Podría empezar una nueva vida, ser una persona distinta. Podría inventarme un pasado, podría cortarme el pelo, tal vez me lo tiña de negro por fin. Entra una pequeña brisa por la ventana. El mundo sigue respirando. Está adormilado pero despertará en unas horas. Supongo que a mi me pasará lo mismo. Me despido ya, amiga mía. Volveré pronto, pues eres mi salvación. Pensaré el ti cuando esté rota. Gracias por escuchar este maltrecho boli, gracias por ser. 

Hasta que nos volvamos a leer, Sylvia. 


Comentarios

Entradas populares de este blog

Me quedé con hambre

Navidad y soledad