Queridísima Sylvia:

Todo ha vuelto a romperse. Una y otra vez, la misma historia, el mismo final. ¿Cuándo deja uno de intentar ser suficiente? Supongo que es una batalla perdida, es algo que llevo dentro. Me levanto en mitad de la noche con dolor en el pecho y sin poder respirar. Por el día solo quiero dormir pero tengo que trabajar. Al menos antes podía desaparecer, ahora ni eso. Se me encharcan los ojos en el tranvía, en el autobús, caminando, trabajando, conduciendo. Ay Sylvia, ¿Por que nunca me sale bien? Siempre falla algo, siempre fallo yo. Quiero desaparecer, salir corriendo y no volver nunca. Dejar la ciudad, el país, el continente. Todo.

Veo a parejas de la mano, riéndose, paseando, queriéndose y yo solo puedo mirar al suelo esperando no derramarme. Quiero marcharme porque aquí solo conozco dolor. Cada sitio en la ciudad en el que he sido feliz se me clava cuando paso por delante. He tenido un año, un año de paz, pero ha vuelto la guerra. La guerra final. Mi tercera guerra mundial. Ni siquiera me molesto en sonreír debajo de la mascarilla. Ni siquiera me molesto en esconderme. La vida era y de repente dejó de ser. Yo era y de repente dejé de ser. Dejamos de ser. Y ahora ya...nada. Sin futuro, sin presente, y deseando olvidar el pasado porque me desgarra por dentro. Querida Sylvia, espero poder contarte cosas más bonitas en la próxima carta. Espero decirte que sigo aquí. Espero, espero, espero. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Me quedé con hambre

Navidad y soledad

Verano de 2020